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Una vez en la cumbre, comprobamos que habíamos llegado
a los acantilados, excepcionalmente sobrecogedores, aunque
de altura menor a los acantilados de Moher,
éstos contaban con unos 150 metros de altura. La vista
era asombrosa, y la soledad que nos envolvía hizo que
nos olvidáramos de que no habíamos llegado a
ningún fuerte prehistórico, aunque a un kilómetro
siguiendo la línea de la costa podíamos divisar
lo que parecía ser la ruinas de nuestro fuerte. Decidimos
aceptar nuestra incompetencia y regresamos hacia el pueblo,
15 minutos antes de que saliera de ferry. Decidimos ir a comprar
un helado y así dar por finalizada nuestra aventura
un tanto frustrante en las tierras de Arán.
Un poco de cultura ...
El archipiélago de Aran está
formado por tres islas: Inishmore, Insishmaan e Inisheer.
Estas se extienden ante la bahía de Galway
formando un rompeolas natural de gran belleza.
Las tres islas han estado pobladas desde tiempos prehistóricos,
y albergan numerosos restos previos a la era cristiana, entre
ellos, el más destacable es Dún Aengus,
un fuerte de piedra en Inishmore. Los expertos
no han sabido datar con precisión los orígenes
de fuerte, barajándose fechas dispares que van desde
los 1.000 a 4.000 años antes de Cristo.
Las islas son famosas por la lana de sus ovejas con las que
fabrican jerseys que más tarde exportan a todo el mundo.
El precio medio de un jersey es de unos 70 euros, nosotros
no nos compramos ninguno ya que el año anterior habíamos
hecho lo propio en Escocia.
Kinvarra
Antes de volver a Galway, decidimos apretar el día
y pasar por Kinvarra, una deliciosa aldea
de pescadores que se halla a unos 30 Km. al oeste de Galway.
Posee una animación veraniega bastante agradable, cuenta
con un muelle muy verde y antiguos pubs que invitan a entrar.
Merece la pena acercarse al castillo de Dunguaire,
bonito castillo del siglo XVI. Por la noche está bien
iluminado, ya que se celebran banquetes medievales en él.
De vuelta a Galway
Ya de vuelta, paseamos por Galway decididos a no repetir
la desagradable experiencia culinaria de la noche anterior,
presionados ya por la hora, intentamos buscar algún
pub donde se nos ofreciera un menú decente o en su
falta, un plato de ostras con el que acompañar la Guinness.
Nuestros esfuerzos no dieron ningún resultado, el
mal humor empezaba a florecer y por aquellas cosas que uno
hace casi sin querer, nos adentramos en un restaurante hindú
donde pedimos unos platos de carne y pollo al curry.
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