Westport - Croagh Patrick
| Nos levantamos ilusionados por
nuestra próxima aventura, esto de subir la montaña
sagrada de Irlanda con un "nativo" realmente promete.
Recuerdo el documental de Lonely Planet que vimos antes de
llegar a Irlanda, en el que Ian Wright subía el Croagh
Patrick y relataba como los demás irlandeses subían
descalzos la montaña de guijarros para demostrar su
devoción religiosa. ¿Subiríamos nosotros
también descalzo? Las apuestas no nos eran favorables.
Cada último domingo de julio, se celebra una peregrinación
anual antiquísima. Una multitud de personas caminan
descalzas, hasta la cumbre (765 m), donde se celebra una misa
en una capilla pequeña. El patrono de Irlanda, San
Patricio, durante la cuaresma del año 441, oró
y ayunó 40 días con sus noches en la cumbre.
Después del desayuno, comprobamos realmente extrañados
como los pájaros se habían ensañado con
nuestro coche la noche anterior, estaba cagado por todas partes,
casi no se veía ni su color real. ¿Por qué
el nuestro? ¿Por el color? En fín... |

Nuestro coche de resaca.
|
Después de recoger a John, nos dirigimos a la montaña,
que domina la bonita bahía de Clew, aunque descubrimos rapidamente
que todo se encuentra sumergido en una niebla que priva a los que
se aventuren a subir de una bonita vista. Después de un rápido
consenso, decidimos que no subiremos ya que no vale la pena tomarse
el esfuerzo sin la rencompensa de la panorámica.
| 
¿Subimos o no, Patrick?

La
bahía de Clew
|
Ascendímos unos metros para llegar a
la estatua de San Patricio y conocer un poco la naturaleza
de la montaña, tiene que ser durísimo subir
ya que son todo guijarros enormes que se clavaban en mis deportivas
recordándome que si era dificil para mí que
yendo calzada avanzaba muy lentamente, cómo tenía
que ser para los peregrinos que decidían sacarse los
zapatos. Y es que la fé, mueve montañas.
Contemplamos el panorama durante unos minutos, hasta que
John nos propuso tomar una Guinness mientras planeaba una
ruta alternativa. Mi estómago no se vió capaz
dee seguir a Txema y a John, así que me pedí
una Coca-cola, mientras disfrutaba de los viejos refranes
que colgaban de la pared: "May you be in heaven 1/2 hour
before the devil knows you're dead." y otros muy interesantes
que ahora ya no puedo recordar.
Iríamos hacia el sur: John nos enseñaría
parajes encantadores y poco conocidos. Así pues, nos
pusimos a seguir su coche a través de carreteras lluviosas
y estrechas, en dirección a Kylemore Abbey.
A unos 20 Km. de Croagh Patrick, en el valle
de Doolough, encontramos una cruz que conmemora un
tráfico suceso del siglo pasado, La Gran Hambruna. En
este espléndido paraje, en 1849 la gente de los alrededores,
unas 200 personas, se encaminaron hacia Louisburgh,
a 15 km. de distancia, para suplicar comida a los terratenientes
ingleses. Tras la negativa de éstos, emprendieron el
camino de regreso a casa pero estaban tan débiles que
la mayoría murieron en el camino. En 1991 se repitió
este viaje de vuelta junto a Desmond Tutu, y así dejó
testimonio el monumento, en el cual se puede leer:
|
|
Monument 1994 AFRI
To commemorate the hungry poor who walked here in 1849
and walk the third world today."
"How can men feel themselves honoured by the humiliation
of their fellow beings?"
Mahatma Ghandi in South Africa
"In 1991 we walked AFRI's great famine walk at Doolough
and soon afterwards we walked the road to freedom in South
Africa"
Archbishop Desmond Tutu.
Unos Kilómetros más adelante, encontramos una
playa que nos se nos borrará nunca de la memoria, Silver
Strand Beach. Es una de las playas más bellas
que he visto, y la niebla le daba un aire muy fantasmagórico
y melancólico, parecíamos inmersos en un sueño.
Encontré un caparazón de navaja en el suelo,
se lo enseñé a John y le indiqué que
estaban muy buenas para comer, me sorprendió ver que
John no sabía de lo que le hablaba, parecía
que no tenía ni idea de que tipo de bicho era ese y
mucho menos que sabor tenía. Los irlandeses tienen
mucho mar y a veces parece que sólo coman vacas. |

El valle de Doolough

Silver Strand Beach
|
Kylemore Abbey

con
John en Kylemore
|
Saliendo de la playa, encontramos aceite en
la carretera, y John que iba delante nuestro, derrapó
y chocó levemente con un coche que venía en
dirección contraria, viniendo casi encima nuestro.
Nos asustamos de veras, ya que llevando un coche de alquiler
uno paga bastante por cualquier desperfecto.
Kylemore Abbey es un edificio-castillo neogótico
que, actualmente es un exclusivo internado femenino, situado
en las orillas del lago Kylemore. Tiene tras
de sí una historia triste ya que fue construído
por un rico magnate de Manchester, Mitchell Henry como regalo
para su esposa, la cual murió repentinamente poco tiempo
después. A ésta la siguió su hija, con
lo cual el pobre Henry se vendió el castillo. Luego
se convirtió en una abadía cuando se lo quedaron
las monjas benedictinas en la I Guerra Mundial.
No llegamos a pagar la entrada, estaba ya un poco aburrida
de visitar los sitios por su interior, con la impresionante
estampa de este sitio tenía más que suficiente
contemplándolo desde fuera y grabándolo en la
memoria. |
El parque natural de Connemara
Nos introdujimos de lleno en el Parque Nacional de Connemara,
una gran extensión de terreno formado por turberas, lagos
y montañas. El hambre empezaba a apretar, así que
no dudamos ni un momento en aceptar la oferta que John nos propuso:
comprar salmón casero para comer y por la tarde, montar a
caballo por la playa.
En Cornamona, encontramos el Connemara Fisheries
ltd., una fábrica de salmón que de fábrica
no tenía nada, parecía la casa de Hansel y Gretel,
perdida en el interior de un bosque, rodeada del humo que desprendía
la preparación del salmón y por unas abejas que danzaban
alrededor de la casa. Otra imagen para el recuerdo, creo que nos
costó medio kilo de salmón, unos 10 euros. Acto seguido
paramos en una gasolinera a comprar pan, allí había
un gatito con el que jugué un poco.
|
Nos dirigimos a Cleggan, John nos dijo que allí habría
hípicas. Localizamos una que nos dió hora a
las 17h, así que para hacer tiempo nos metimos en un
pub. Me hacía mucha ilusión montar, hacía
unos años desde la última vez, estábamos
excitados. Txema no dejaba de beber cerveza, yo le reprendí
porqué pensé que luego querría ir al
servicio cuando estuviéramos en la hípica y
que me daría la lata.
Estabámos hablando con John sobre el idioma irlandés,
sobre el arraigo en la zona del Oeste, y de cómo se
estaba recuperando. En esas, apareció en escena una
señora que estaba sentada sola en la mesa de al lado,
enzarzándose en una cálida pero amigable discusión
con John, parecía que se conocían de toda la
vida. Creo recordar que era maestra, no lo sé.
Pero allí conocí aún más el carácter
irlandés, tan afable y abierto. Viéndoles hablar,
comprendí que ellos carecen de muchas barreras que
nosotros poseemos y que hacen difícil que en un lugar
como Barcelona, dos personas que no se conocen de nada empiecen
a hablar con pasión de algún tema en concreto
(que no sea el tiempo, claro...).
La señora en cuestión también iba a
la hípica a recoger a sus hijos, se ofreció
a llevarnos en coche y así lo hizo. En la hípica
me tuve que poner un casco y unas botas roñosas, no
hay cosa que me joda más que llevar los zapatos de
otro. Una vez en nuestros caballos y a punto de empezar la
excursión, Txema pidió a todos los asistentes
un breve descanso para ir al baño...
Fue un poco decepcionante pues yo esperaba galopar por playas
como Silver Strand, es decir, playas largas y arenosas totalmente
desiertas. Pero nos llevaron a una playa escasa de terreno
y llena de piedras, vamos, no era una playa ideal para hacer
"el salto del tigre" con el caballo sin miedo a
fracturarse todo los huesos. Además, los caballos sólo
galopaban cuando veían al que le precedía hacer
lo mismo, y eso era difícil teniendo en cuenta que
eramos unas diez personas. Pero de todas maneras no estuvo
mal.
Al terminar fuímos hacia Cliffden,
localidad donde John quería quedarse esa noche. El
cansancio físico y mental por tener que seguir todas
las conversaciones en inglés hizo que nos despidieramos
un poco bruscamente de John, cosa que luego nos supo muy mal.
De hecho, no tenemos manera de contactarle ya que su dirección
de e-mail nos devuelve los correos. |

Con el gatito en la gasolinera

En la hípica..¿Quién dijo miedo?

No es fácil hacer fotos al trote
|

De camino a casa.
|
Nos costó bastante tiempo encontrar la
salida del pueblo, fueramos por dónde fueramos siempre
salíamos al mismo sitio, el mismo cruce de calles y John
cruzando de acera en acera. Por lo menos le saludamos 3 veces
más desde nuestra despedida. Una vez encaminados nos
volvimos a perder, atravesamos el corazón de Connemara
cuando oscurecía, y para terminar de darle emoción
cada vez nos quedaba menos gasolina. Estuvimos como media hora
conduciendo en reserva, observados por los resplandecientes
ojos de las ovejas que esperaban encogidas a pasar la noche.
Pocas veces antes me he alegrado tanto de encontrar una gasolinera.
Tardamos 3 horas en llegar a Westport, el doble
de lo establecido, pero esa noche nos dormimos contentos porqué
teníamos la sensación de haber aprovechado bien
el día, y de haber hecho amistad con el típico
duende irlandés, que apareció y desapareció
con la misma facilidad, dejando tras de si un bonito recuerdo... |
|