Día 12– 27 Agosto 2002 (María)



Conemara – salmon x Connemara Fisheries Ltd. Cornamona, Co. Galway
Pub sandwich - X horse riding
Clifden – b&B

Westport - Croagh Patrick

Nos levantamos ilusionados por nuestra próxima aventura, esto de subir la montaña sagrada de Irlanda con un "nativo" realmente promete. Recuerdo el documental de Lonely Planet que vimos antes de llegar a Irlanda, en el que Ian Wright subía el Croagh Patrick y relataba como los demás irlandeses subían descalzos la montaña de guijarros para demostrar su devoción religiosa. ¿Subiríamos nosotros también descalzo? Las apuestas no nos eran favorables.

Cada último domingo de julio, se celebra una peregrinación anual antiquísima. Una multitud de personas caminan descalzas, hasta la cumbre (765 m), donde se celebra una misa en una capilla pequeña. El patrono de Irlanda, San Patricio, durante la cuaresma del año 441, oró y ayunó 40 días con sus noches en la cumbre.

Después del desayuno, comprobamos realmente extrañados como los pájaros se habían ensañado con nuestro coche la noche anterior, estaba cagado por todas partes, casi no se veía ni su color real. ¿Por qué el nuestro? ¿Por el color? En fín...


Nuestro coche de resaca.

Después de recoger a John, nos dirigimos a la montaña, que domina la bonita bahía de Clew, aunque descubrimos rapidamente que todo se encuentra sumergido en una niebla que priva a los que se aventuren a subir de una bonita vista. Después de un rápido consenso, decidimos que no subiremos ya que no vale la pena tomarse el esfuerzo sin la rencompensa de la panorámica.


¿Subimos o no, Patrick?




La bahía de Clew

Ascendímos unos metros para llegar a la estatua de San Patricio y conocer un poco la naturaleza de la montaña, tiene que ser durísimo subir ya que son todo guijarros enormes que se clavaban en mis deportivas recordándome que si era dificil para mí que yendo calzada avanzaba muy lentamente, cómo tenía que ser para los peregrinos que decidían sacarse los zapatos. Y es que la fé, mueve montañas.

Contemplamos el panorama durante unos minutos, hasta que John nos propuso tomar una Guinness mientras planeaba una ruta alternativa. Mi estómago no se vió capaz dee seguir a Txema y a John, así que me pedí una Coca-cola, mientras disfrutaba de los viejos refranes que colgaban de la pared: "May you be in heaven 1/2 hour before the devil knows you're dead." y otros muy interesantes que ahora ya no puedo recordar.

Iríamos hacia el sur: John nos enseñaría parajes encantadores y poco conocidos. Así pues, nos pusimos a seguir su coche a través de carreteras lluviosas y estrechas, en dirección a Kylemore Abbey.

A unos 20 Km. de Croagh Patrick, en el valle de Doolough, encontramos una cruz que conmemora un tráfico suceso del siglo pasado, La Gran Hambruna. En este espléndido paraje, en 1849 la gente de los alrededores, unas 200 personas, se encaminaron hacia Louisburgh, a 15 km. de distancia, para suplicar comida a los terratenientes ingleses. Tras la negativa de éstos, emprendieron el camino de regreso a casa pero estaban tan débiles que la mayoría murieron en el camino. En 1991 se repitió este viaje de vuelta junto a Desmond Tutu, y así dejó testimonio el monumento, en el cual se puede leer:

Monument 1994 AFRI

To commemorate the hungry poor who walked here in 1849 and walk the third world today."

"How can men feel themselves honoured by the humiliation of their fellow beings?"

Mahatma Ghandi in South Africa

"In 1991 we walked AFRI's great famine walk at Doolough
and soon afterwards we walked the road to freedom in South Africa"

Archbishop Desmond Tutu.

Unos Kilómetros más adelante, encontramos una playa que nos se nos borrará nunca de la memoria, Silver Strand Beach. Es una de las playas más bellas que he visto, y la niebla le daba un aire muy fantasmagórico y melancólico, parecíamos inmersos en un sueño. Encontré un caparazón de navaja en el suelo, se lo enseñé a John y le indiqué que estaban muy buenas para comer, me sorprendió ver que John no sabía de lo que le hablaba, parecía que no tenía ni idea de que tipo de bicho era ese y mucho menos que sabor tenía. Los irlandeses tienen mucho mar y a veces parece que sólo coman vacas.


El valle de Doolough



Silver Strand Beach

Kylemore Abbey


con John en Kylemore

Saliendo de la playa, encontramos aceite en la carretera, y John que iba delante nuestro, derrapó y chocó levemente con un coche que venía en dirección contraria, viniendo casi encima nuestro. Nos asustamos de veras, ya que llevando un coche de alquiler uno paga bastante por cualquier desperfecto.

Kylemore Abbey es un edificio-castillo neogótico que, actualmente es un exclusivo internado femenino, situado en las orillas del lago Kylemore. Tiene tras de sí una historia triste ya que fue construído por un rico magnate de Manchester, Mitchell Henry como regalo para su esposa, la cual murió repentinamente poco tiempo después. A ésta la siguió su hija, con lo cual el pobre Henry se vendió el castillo. Luego se convirtió en una abadía cuando se lo quedaron las monjas benedictinas en la I Guerra Mundial.

No llegamos a pagar la entrada, estaba ya un poco aburrida de visitar los sitios por su interior, con la impresionante estampa de este sitio tenía más que suficiente contemplándolo desde fuera y grabándolo en la memoria.

El parque natural de Connemara

Nos introdujimos de lleno en el Parque Nacional de Connemara, una gran extensión de terreno formado por turberas, lagos y montañas. El hambre empezaba a apretar, así que no dudamos ni un momento en aceptar la oferta que John nos propuso: comprar salmón casero para comer y por la tarde, montar a caballo por la playa.

En Cornamona, encontramos el Connemara Fisheries ltd., una fábrica de salmón que de fábrica no tenía nada, parecía la casa de Hansel y Gretel, perdida en el interior de un bosque, rodeada del humo que desprendía la preparación del salmón y por unas abejas que danzaban alrededor de la casa. Otra imagen para el recuerdo, creo que nos costó medio kilo de salmón, unos 10 euros. Acto seguido paramos en una gasolinera a comprar pan, allí había un gatito con el que jugué un poco.

Nos dirigimos a Cleggan, John nos dijo que allí habría hípicas. Localizamos una que nos dió hora a las 17h, así que para hacer tiempo nos metimos en un pub. Me hacía mucha ilusión montar, hacía unos años desde la última vez, estábamos excitados. Txema no dejaba de beber cerveza, yo le reprendí porqué pensé que luego querría ir al servicio cuando estuviéramos en la hípica y que me daría la lata.

Estabámos hablando con John sobre el idioma irlandés, sobre el arraigo en la zona del Oeste, y de cómo se estaba recuperando. En esas, apareció en escena una señora que estaba sentada sola en la mesa de al lado, enzarzándose en una cálida pero amigable discusión con John, parecía que se conocían de toda la vida. Creo recordar que era maestra, no lo sé.

Pero allí conocí aún más el carácter irlandés, tan afable y abierto. Viéndoles hablar, comprendí que ellos carecen de muchas barreras que nosotros poseemos y que hacen difícil que en un lugar como Barcelona, dos personas que no se conocen de nada empiecen a hablar con pasión de algún tema en concreto (que no sea el tiempo, claro...).

La señora en cuestión también iba a la hípica a recoger a sus hijos, se ofreció a llevarnos en coche y así lo hizo. En la hípica me tuve que poner un casco y unas botas roñosas, no hay cosa que me joda más que llevar los zapatos de otro. Una vez en nuestros caballos y a punto de empezar la excursión, Txema pidió a todos los asistentes un breve descanso para ir al baño...

Fue un poco decepcionante pues yo esperaba galopar por playas como Silver Strand, es decir, playas largas y arenosas totalmente desiertas. Pero nos llevaron a una playa escasa de terreno y llena de piedras, vamos, no era una playa ideal para hacer "el salto del tigre" con el caballo sin miedo a fracturarse todo los huesos. Además, los caballos sólo galopaban cuando veían al que le precedía hacer lo mismo, y eso era difícil teniendo en cuenta que eramos unas diez personas. Pero de todas maneras no estuvo mal.

Al terminar fuímos hacia Cliffden, localidad donde John quería quedarse esa noche. El cansancio físico y mental por tener que seguir todas las conversaciones en inglés hizo que nos despidieramos un poco bruscamente de John, cosa que luego nos supo muy mal. De hecho, no tenemos manera de contactarle ya que su dirección de e-mail nos devuelve los correos.


Con el gatito en la gasolinera



En la hípica..¿Quién dijo miedo?


No es fácil hacer fotos al trote



De camino a casa.


Nos costó bastante tiempo encontrar la salida del pueblo, fueramos por dónde fueramos siempre salíamos al mismo sitio, el mismo cruce de calles y John cruzando de acera en acera. Por lo menos le saludamos 3 veces más desde nuestra despedida. Una vez encaminados nos volvimos a perder, atravesamos el corazón de Connemara cuando oscurecía, y para terminar de darle emoción cada vez nos quedaba menos gasolina. Estuvimos como media hora conduciendo en reserva, observados por los resplandecientes ojos de las ovejas que esperaban encogidas a pasar la noche. Pocas veces antes me he alegrado tanto de encontrar una gasolinera. Tardamos 3 horas en llegar a Westport, el doble de lo establecido, pero esa noche nos dormimos contentos porqué teníamos la sensación de haber aprovechado bien el día, y de haber hecho amistad con el típico duende irlandés, que apareció y desapareció con la misma facilidad, dejando tras de si un bonito recuerdo...

<< Anterior | Siguiente >>