From the edge of the deep green sea
Nos levantamos un poco antes de que nos suban el almuerzo a la
habitación. Luego intentamos conectar a Internet con el notebook,
pero a pesar de que podemos disponer de la conexión RJ11
común, no logramos conectar, parece que existe alguna incompatibilidad
con la centralita del hotel.
| Así pues abandonamos el hotel tras comprobar de que
el coche sigue aparcado delante y que no nos han puesto ninguna
multa. Hoy nos dirigimos a la costa de Antrim,
y salimos por el Norte de Belfast ... a pesar de nuestra atención
terminamos otra vez con nuestro coche irlandés en la
zona inglesa de Shankill Road, pero rectificamos
rápidamente la ruta. Mientras salimos de Belfast
cruzamos por una zona donde predominan bastantes banderas
inglesas, y cuando estamos ya a punto de abandonar Belfast
pasamos por una zona algo más pequeña con banderas
irlandesas. Todo esta bastante mezclado... sorprendente. Nada
más salir de Belfast encontramos en
el camino una concentración de cientos de motos, hoy
es domingo y probablemente se dirijan a las costas de
Antrim como nosotros, lo cual puede estropearnos un
poco el plan... ya que fácilmente todo estará
plagado de gente. |

jugando
con las vacas en un alto |
Pasamos por varios pueblos costeros, los más cercanos a
Belfast exhiben banderas inglesas en sus calles,
incluso de la UFF. El primer pueblo que encontramos con banderas
irlandesas es Carnlough, un pequeño pueblo
costero conocido en gran parte porque aquí regentaba un hotel
Winston Churchill. Se confirma nuestra teoría y no dejamos
de soportar ruidosos adelantamientos de los motoristas, hasta que
llegamos al primer punto donde queremos parar, el Glenariff
Forest Park.
El bosque está ubicado en una serie de valles a través
de los cuales discurren nueve ríos, esta es una de las zonas
más salvajes del Ulster, fue el último
reducto del gaélico ya que les llevó más tiempo
a los ingleses y escoceses establecerse en él.
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Un
muñeco diabólico nos acecha desde las alturas.

Nuestra habitación
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Se pagan 3 euros para aparcar
el coche en el párking, desde donde se pueden realizar
varias excursiones de diferentes longitudes. Tres de ellas
son de 1 a 3 millas, menos el camino rojo que es de 9 millas
y contiene partes de las otras. Nos decidimos a realizar la
excursión más larga ya que queremos llegar a
varias de las cascadas situadas en él, pero acabamos
algo confundidos con las señalizaciones del camino,
así que después de perdernos varias veces y
pasear una hora sin ir muy lejos decidimos proseguir nuestro
camino ya que se nos ha hecho algo tarde para empezar la ruta
desde el principio otra vez. Una pena, el parque es muy bonito,
pero es conveniente invertir bien el tiempo. El camino no
es llano ya que discurre en buena parte por valles y ríos,
así que se hace algo lento y cansino, es aconsejable
ir muy bien calzado.
Hemos estado un buen rato paseando, y parece que el 95 %
de las motos han desaparecido, probablemente vayan ya por
delante nuestro, lo cual es una buena noticia. Llegamos a
Ballycastle a media tarde y dejamos las maletas
en el B&B Cushleake House.
Su anfitrión es algo escaso en palabras, y la habitación
... suficientemente horrorosa, la cama es blanda y pequeña
, el baño esta incrustado dentro la habitación
robando parte de su espacio en una especie de construcción
posterior, las paredes llenas de cosas dispares como posters
de Marylin Monroe y de Escocia, el televisor es muy viejo
y esta colgado de lo alto de un armario, las pilas del mando
están gastadas y como guindilla un amenazador muñeco
con largo cuello cuelga de la pared exterior del baño
de tal forma que parece que saltará a por nosotros
en cualquier momento.
Decidimos ir a la búsqueda de un restaurante y salir
del B&B cuanto antes. Miramos las cartas de todos los
restaurantes del pueblo mientras paseamos por él, ninguno
nos atrae en especial, aunque si hay uno que no hace mala
pinta, de hecho no hace pinta directamente de nada. El Antrim
Arms, abrirá a las 6 pero no tiene carta en
la puerta, está recomendado en una de nuestras guías,
pero ya no nos fiamos ni de éstas, así que entramos
en un pub a tomar unas pintas. Cuando María se abre
paso entre los locales para pedir unas pintas, se hace un
silencio expectante que se rompe con risas cuando ella dice
"two paints of guiness plis". Uno de ellos le pregunta
a María de donde es, si es sueca. Ya sabemos que se
están burlando de nosotros, pero decidimos no enojarnos
y tomarlo con deportividad.
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Ya nos estamos formando una idea
de como es Ballycastle, sin duda parece un
pueblo estival en el cual se respira ya un aire de final de
vacaciones. Tiene una playa de arena y un puerto con un monumento
a Marconi, el personaje que consiguió comunicarse con
radio por primera vez, entre el pueblo y la isla de Rathlin.
Después de esto nos decidimos por un fast food de
kebab, sale realmente bien de precio. Pedimos un shwarma de
pollo y otro de cordero y unas patatas al ajo por menos de
10 Euros, las raciones son completas y vienen con todo tipo
de acompañamiento.
Nos dirigimos por la carretera hasta el Portaneevey
Car Park, en el que usamos las mesas de pic-nic para
comernos nuestro kebab mientras disfrutamos de unas deliciosas
vistas al océano y del Carrick-a-Rede-Rope-Bridge,
el popular puente colgante que visitaremos al día siguiente,
el cual comunica tierra firme con una antigüa fabrica
salmonera.
Regalos como éste, abundan en Irlanda y hacen que
uno olvide los agravios de la gastronomía local. El
paraje está totalmente desierto, sin contar la multitud
de pequeñas moscas que se congregan en torno a una
danza multitudinaria planeando ataques esporádicos
a nuestros bocadillos.
Está oscureciendo y empieza a refrescar, después
de limpiar un poco nuestro comedor improvisado, decidimos
ver la puesta de sol en Giant's Causeway,
(la calzada del gigante) que se encuentra a 20 minutos de
distancia. La verdad es que queríamos verlo por la
mañana, pero el sitio nos causa tanta expectación,
que no podemos esperarnos. Así que como es natural
en nosotros decidirlo todo a último momento, nos ponemos
en camino rápidamente. |
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Un romántico pic-nic al anochecer

Las vistas durante la cena |
La calzada del gigante (Giant's Causeway)
Cuenta la historia que, el gigante Finn MacCool, construyó
un puente para llegar hasta su amada, una giganta reina de la isla
escocesa de Staffa, donde se pueden encontrar formaciones muy parecidas.
La cascada del gigante es una construcción natural de 37.000
columnas de basalto granítico, cada una de ellas posee una
forma hexagonal, (aunque también las hay de 5,7,8 y hasta
10 lados) algunas de ellas extraordinariamente perfectas, tanto
que parece difícil de creer que sean un simple capricho de
la naturaleza.
Giant's
Causeway |
Bajamos rápidamente por el sendero que desciende
desde el parking, debe haber un kilómetro de distancia,
nos apresuramos todo lo que podemos corriendo en algunos momentos,
ya que la luz empieza a escasear y no queremos que el tiempo
nos robe el momento.
La puesta de sol se convierte en uno de aquellos momentos
que quedarán en nuestra memoria, tiñiendo el
recuerdo con luz rosácea y el aroma del mar golpeando
contra las rocas. Se puede pasear por las columnas de roca
a la orilla del mar o bien tomar el Sendero de Sheperd, desde
donde se pueden contemplar las formaciones a un poco más
de distancia. Nosotros nos adentramos tanto en las rocas,
que nos quedamos literalmente a un paso del agua, mientras
la luz va desapareciendo suavemente, y la noche nos empieza
a envolver. Comprobamos que la marea sube rápidamente,
así que reculamos con la intención de no quedarnos
rodeados por el mar.
Descendemos rápidamente y disfrutamos de los últimos
rayos de sol en la calzada, no quedan apenas turistas a esta
hora y sacamos unas buenas fotos del lugar. Sin duda es uno
de los lugares que más nos ha impresionado hasta ahora.
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Regresamos hacia Ballycastle,
donde tomamos otras pintas en el Central Bar.
Parece que hay una actuación de músicos locales,
un tal Flynn, el cual resulta ser el que se burlaba de nosotros
esta tarde. En un acto de buena fe, nos dedica una canción
mientras balbucea algo que no entendemos y que provoca la
sonrisa de los parroquianos. Mucho cachondeo, en este bar.
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