Día 22– 6 Septiembre 2002 (María)


Slieve League

Cuando oí el despertador pensé que no sería capaz de levantarme. Realicé unos esfuerzos sobrehumanos para tratar de salir y avisar a nuestra anfitriona de que no podríamos salir a desayunar. Mientras me aseaba un poco antes de salir del cuarto, me extrañó no verme negra, pues así me sentía por dentro después de haber tomado tanta Guiness la noche anterior.

La buena señora me miró como a un bicho raro, mientras intentaba explicarme lo mejor que podía. Acordamos que me haría un par de sandwiches para llevar. De camino a la habitación, un grupito de ingleses jubilados trató de entablar conversación conmigo, sin mucho éxito.

Me derrumbé sobre la cama y dormí un par de horas más, cuando me levanté exaltada por unos golpes en la puerta. Con los pelos de punta y cara de estar todavía en brazos de morfeo, atendí a la señora que nos traía los sandwiches de salchichas y bacon en un platito. Tras agradecerselo, volví a la cama, esta vez sin poder dormir más debido al olor grasiento que inundó nuestra habitación. Estaba claro que no nos habíamos entendido.

Hoy era un día esperado pues ibamos a visitar los acantilados de Slieve League, con 700 metros de altura son los acantilados más altos de Europa. Conseguimos salir del B&B sobre las 13 h, más vale tarde que nunca.

Tras un camino de una media hora llegamos al impactante paraje que nos arregló la resaca en un instante. Hacía un viento infernal, parecía que ibamos a volar con el coche de un momento a otro. Se puede dejar el coche en el párking y subir andando unos 20 minutos, pero tras comprobar que teníamos que empujar la puerta con las dos manos y los dos pies para abrirla, decidimos seguir el camino a los acantilados por la estrecha carretera.

     
     

Caminamos hacia arriba de los acantilados, llenándonos los bolsillos de piedras preciosas, no sé que nombre recibe este mineral, es parecido a la pirita y es realmente espectacular. Con que riqueza surte la naturaleza a estos exquisitos paisajes ya de por sí bellos en su desnudez.


Slieve League


Glencolumkille

Las vistas eran espectaculares y nos quedamos sin respiración. No hay palabras que puedan describir tal majestuasidad, y si las hay, decididamente no tengo el suficiente talento para encontrarlas. Quizás una imagen valga más que 1000 palabras, aunque no estoy realmente segura de ello.

Es una pena que no pudieramos disfrutar de una puesta de sol en este lugar, ya que leímos en nuestros libros que cuando empieza a irse el sol, los acantilados se cubren de tonalidades rojas y ocres, creando una gran sensación de irrealidad.

Después nos dirigimos a Glencolumbkille, donde se encuentra el Folk Village Museum. Una extensión de terreno que reconstruye las viviendad típicas de la región. Es interesante echarle un vistazo para comprender la dura vida que llevaban estas gentes de Donegal. También es interesante como se creó este parque, fue obra de un cura local en los años cincuenta, para intentar frenar la emigración de los habitantes del pueblo y crear así, puestos de trabajo relacionados con la artesanía tradicional. Antes de irnos, cotilleamos un poco en la tienda de souvenirs, donde venden licores de flores y algas, aunque al final no compramos nada.

Glencolumbkille, está estrechamente vinculado a San Columbano, en cuyo honor se celebra una peregrinación cada 9 de junio en un Vía Crucis hecho de cruces celtas.

Se puso a llover estrepitosamente, así que nos refugiamos en el coche mientras disfrutábamos del espectáculo que nos ofrecía el romper de las olas en el mar.

Seguimos nuestra ruta hacia Ardara, una ciudad importante por su indústria textil. Es el sitio a dónde hay que ir si quieres comprar jerseys de lana hechos a mano. No era nuestro caso, puesto que el año anterior habíamos estado en Escocia y ya nos habíamos surtido lo suficiente de calor ovejil.

Allí encontramos una taberna adorable, llena de gente local que se refugiaba allí de la lluvia.

 

El sitio era muy genuíno, una casa muy antigüa, un abuelo sentado en la barra que nos ballbuceaba no sé que cosas, y un tabernero con un humor de perros. Como cualquier casa, habían distintas habitaciones dónde sentarse. Estabamos tan hambrientos que pedimos un plato de gambas congeladas con salsa rosa de bote (vale, no voy a decir nada más sobre el tema), y un plato de salmón.

Volvemos a Killybegs rendidos, pero aún nos quedan fuerzas para pasar por el Burger a por unas hamburguesas más (esto de viajar abre el apetito!) y directos a la cama, que sólo pensar en tomar otra Guiness....

 

Direcciones de interés:

Nancy's Bar
+44 (0) 075-41187
Ardara, co. Donegal

B&B Holly Crest Lodge.
www.littleireland.ie/hollycrestlodge/

 


Tormenta sobre el mar


Hora punta en las carreteras


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