Día 4 – 19 Agosto 2002 (María)
a
Y una de pie izquierdo...
Malas noticias al despertar: me dolía mucho la garganta
y creía tener fiebre. Así que la operación
de evacuar el hotel fue bastante lenta y dolorosa.
| Rápidamente hallamos la N11 (la carretera
del Sudeste) detrás de St. Stephen’s Green,
y tras una hora de conducción ya estabamos en Enniskerry,
la población más cercana a nuestro B&B. Para
variar buscábamos algún bar donde saciar nuestra
hambre matutina, tarea que siempre nos resulta complicada. Tras
preguntar en un par de bares y no ser atendidos, vimos por primera
vez carteles señalando el Johnny Fox’s,
que es un pub muy famoso en Irlanda por sus animados bailes
y espectáculos nacionales. Así que nos decidimos
a probar suerte en el Fox’s y empezamos a seguir los carteles:
izquierda, izquierda, derecha, izquierda, atrás, carretera
en obras, desvío, derecha, derecha, izquierda... bien
tras una hora de intentos y sin victoria alguna, nos rendimos
y dejamos el Fox’s para la noche. |
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María
Vs. Spiders
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Nos metimos en el primer pub que encontramos
y desayunamos bastante bien, eso sí, con la habitual
ración de grasa y colesterol en versión “jumbo”.
Desde allí llamé al B&B Oaklawn,
para preguntar si era posible dejar las maletas (en esto tengo
confusión, en algunos lugares me han dicho que la hora
lógica de llegar a un B&B es a las ocho, otros
a las cuatro, otros a la hora que sea mientras avises...en
fín, un lío). Tras la respuesta afirmativa,
nos dirigimos a nuestro hospedaje....: izquierda, izquierda,
derecha, izquierda, atrás, carretera en obras, desvío,
derecha, derecha, izquierda...una hora más tarde encontramos
Oaklawn...¡¡ esta zona es un laberinto!!! Un laberinto
de estrechas carreteras, caminos de tierra en algunos casos,
no señalizadas y de un solo carril...eso sí,
un paraíso verde, con frondosos bosques y paisajes
muy élficos.
Una vez en el B&B descubrimos que nuestro anfitrión
era un hombre serio y tenía una voz profunda, casi
nos asustaba y más cuando nos obligó a decirle
a que hora exacta bajaríamos a desayunar al día
siguiente. El sitio no es ninguna maravilla, aunque estaba
muy limpio que es lo único a lo que realmente le damos
importancia. Eso sí, un hervidero de bichos.
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Tras indicarnos amablemente como podíamos ir a
las cataratas de Powerscourt o Powerscourt’s
Waterfalls, nos despedimos de él y nos pusimos
en marcha otra vez, y una vez directos a perdernos y a dar
cien mil vueltas antes de llegar a ningún sitio. Nos
cobraron 3 € en la entrada, lo cual nos extrañó
al tratarse de un accidente natural, que se precipita desde
130 m de altura, formando las cataratas más altas de
Irlanda.
Allí Txema se torció el tobillo, en lo que
parecía ser una constatación de que no estábamos
siendo nada afortunados. (¿Acaso nos llevamos alguna
piedra de Newgrange y estabamos sufriendo
la ira de los duendes?).
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Powerscourt waterfalls |

Powerscourt waterfalls
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Al dejar las cataratas decidimos no ir a la mansión y a
los jardines del mismo nombre por falta de tiempo, así que
encaramos la N755 de camino a Glendalough, un pequeño
pueblo de monjes abandonado que fue creado en el siglo VI por San
Kevin, un noble que renunció a una vida de lujo y escogió
vivir como un ermitaño en una cueva en Glendalough,
y más tarde se fundó el monasterio donde se cuidaba
a enfermos y se realizaban manuscritos.
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Nos sorprendió que la entrada fuera completamente
gratuita, lloviznaba así que nos enfundamos en nuestros
chubas-queros y nos alegramos de que el tiempo fuera un poco
inestable, ya que esto siempre desalienta a la muchedumbre.
El monasterio está situado en un
valle con dos lagos con laderas empinadas y bosques frondosos,
un ragalo para los sentidos. Quizás lo más
destacable es la alta torre circular, de 30 metros de
altura. La catedral está desprovista de techo,
rodeada de un antiguo cementerio repleto de cruces celtas
y lápidas con talles borrados por el paso del tiempo.
Era sorprendente el hecho de caminar sobre las tumbas.
Cuando salimos del pueblo monástico, caminamos
un poco más hacia el Upper Lake,
disfrutando de un perfecto paseo bajo la lluvia. De vuelta
al coche pusimos rumbo hacia el Valle de Clara,
Clara es un pequeño pueblo formado por dos casas,
una escuela y una iglesia. Casualmente se estaba celebrando
una boda en dicha iglesia.
Después de dar varia vueltas por el valle, encauzamos
Military Road hacia el norte, carretera
construída por los ingleses para controlar las
montañas de Wicklow en 1700, cuando
los rebeldes irlandeses se escondían en ellas.
El paisaje nos recordó mucho a Escocia, terreno
salvaje y parajes solitarios.
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Military Rd. |
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Johnny
Fox's
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¿Dónde estás, Johnny?
Era el momento de encontrar el Johnnie’s Fox. Tras
varios intentos en vano, nos pusimos sobre su pista y finalmente
lo encontramos sobre las siete de la tarde. Allí disfrutamos
de una estupenda cena, grata sorpresa, con ostras de Galway
y un salmón delicioso. EL servicio era excelente y
nos quedamos con las ganas de cenar frente al espectáculo
que le ha hecho famoso, el Hooley’s night, una coreografía
de tradicional baile irlandés hecha por una integrante
del tralala.
Después de la cena nos dirigimos a Oaklawn,
donde pasamos una noche extraña luchando contra arañas
y demás insectos.
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