| Nos levantamos temprano dispuestos a visitar
las diversas penínsulas del sudoeste, famosas por sus
bellos paisajes, pero también por las aglomeraciones
de autocares de turistas en las estrechas carreteras, sobre
todo en el Ring Of kerry.

Castlegregory beach |
El almuerzo en The Shores es simplemente
excelente. De la misma forma que se estila en hoteles
anglosajones de más calidad, podemos escoger
arenque ahumado para almorzar en vez del típico
surtido de huevo bacon y salchichas, muy bien cocinado
y presentado. Además desde el soleado comedor
podemos disfrutar de unas preciosas vistas sobre el
atlántico.
Después de desayunar damos un agradable paseo
por la playa, la tenemos a unos pocos metros del hotel,
las playas irlandesas son muy diferentes a las que estamos
acostumbrados, muy extensas y salvajes, para nosotros
son más contemplativas que ociosas, ya que el
clima es más frío y el agua no invita
demasiado al baño. De todas formas, los irlandeses
se bañan en ellas y en sus caras se refleja diversión
y disfrute por igual. Cuestión de costumbres... |
El sol brilla con más fuerza que ningún día
anterior, así que salimos hacia Killorglin
para empezar la ruta del anillo de Kerry.
Cuando llegamos decidimos cambiar nuestra ruta para dirigirnos
a la península de Beara, que parece
ser igual de bella y menos turística, parece que allí
se agrupa menos gente y muchos de ellos excursionistas que
no se mueven mucho con el coche. Pero decidimos ser unos turistas
clásicos y hacer el famoso anillo. Lo cierto es que
vale la pena dedicar un día entero a cada península
porque aunque hoy nos sobre tiempo es demasiada paliza de
coche en un solo día.
Anillo de kerry
Lo cierto es que al empezar el anillo de Kerry
no vemos demasiado movimiento, así que decidimos seguir
adelante. Sí es cierto que pasamos un par de pubs con
los parkings repletos de autocares, pero el tráfico
es en todo momento bastante fluído.
El primer punto de parada es la playa de Rossbeigh, una playa
larguísima de unos 5 Km., que encara el oeste de la
bahía de Dingle. Pasamos de largo Cahersiveen,
y también los ferrys que van a las islas Skellig.
Una pena, ya vemos que estamos haciendo el burro y que el
anillo de Kerry bien merece dedicarle unos días explorándolo
poco a poco.
Tomamos la panóramica carretera de Portmagee
a Waterville, las vistas son maravillosas,
culminando en el paso de Coomanaspig. Desde
The Glen pueden observarse bien las islas
Skellig. Continuamos en el coche durante un par de
horas más, con una mezcla de extásis, cansancio
y atolondramiento producido por el calor y el vaivén
del coche, y claro está, por la belleza que nos envuelve.
Parque Nacional de Killarney
Lo que no queremos dejar pasar es el
parque nacional de Killarney, así
que nos dirigimos hacia alli. Solo empezar el parque
nos encontramos un primer pequeño lago llamado
Barfinnhy Lake, no teniamos noción
de su existencia pero es un lugar tranquilo y encantador
al lado de la carretera. Se puede pescar en él
con una licencia incluso de un día, aunque sólo
hay un pescador de caña al otro lado del lago.
Seguimos ascendiendo por al parque por la carretera
serpenteante. Justo antes de descender paramos en ladies'
view, una area de picnic y mirador desde donde
hay las mejores vistas del Upper lake.
Cerca de allí, una vez descendida la montaña
paramos en el "Meeting of the waters”,
lugar donde se juntan las aguas de tres lagos. |

El mirador de Ladie's view |

Ladies' view
|
Andando unos 2 km desde el parking de
coches a traves de un camino que se abre paso por el
bosque, se accede al punto donde se encuentran los lagos.
De pronto, María se detiene en medio del frondoso
bosque y me dice que no hable, que oye un sonido extraño.
Veo como su cara se va compungiendo con un gesto de
terror, y entonces comprendo lo que ella está
asimilando, todo el bosque es un zumbido contínuo,
miremos a dónde miremos hay una cantidad increíble
de abejas y demás insectos zumbones. Me suplica
que volvamos (ella tiene un auténtico terror
a los insectos con aguijón) pero logro convencerla
y seguímos adelante, con más angustia
que otra cosa. Lo cierto es que es más espectacular
el camino propiamente que la reunión de aguas.
Nos dirigimos a pocos kilómetros con el coche
al Torc waterfall, el parking lo identificamos
rapidamente por la cantidad de coches y autobuses que
hay aparcados. |
Al llegar a las cataratas nos encontramos con una multitud
de gente, algunos de ellos tan intrépidos como pesados,
danzando entre las rocas y armando todo el barullo que pueden.
En fín, el lugar pierde un poco de encanto pero ya
se sabe, si no quieres gente, no viajes en agosto.
Estamos bastante cansados de conducir
y empieza a ser tarde, nos damos cuenta que no hemos
visto gran cosa en la peninsula de Dingle,
donde curiosamente nos estamos hospedando. Así
que decidimos acercarnos a su extremo en Dingle dispuestos
a ver la puesta de sol desde allí.
Además, para variar, andamos buscando un pub
donde parece ser que sirven buen marisco. Llegamos a
Dingle después de un buen rato
conduciendo por malas carreteras, bastante cansados
y con mucha hambre. Conseguimos localizar el mencionado
pub “Doyles”, después
de preguntar a la simpática dependienta de una
tienda de cuadros en la parte superior de la calle principal.
Nos indica que el pub esta en la parte inferior de esa
misma calle, nunca ha comido alli , nos confiesa que
a los irlandeses les gusta bien poco el pescado.
Llegamos al Doyles sobre las 20:30, esta repleto de
gente comiendo aparentemente exquisitos platos de marisco. |

Torc Waterfall |
El aspecto es lo más parecido a una mariscada en
España de todo lo que hemos visto hasta ahora en Irlanda.
Los precios son muy parecidos a los de nuestro pais, supongo
que sin pasarse se puede comer por 30 E por persona. Su anfitrión,
el sr. Sean Clusket, que no es muy simpático, está
a punto de buscarnos una mesa a pesar de que está todo
lleno hasta el día siguiente, pero su mujer parece
no estar de acuerdo ya que debe haber llenado el cupopor esta
noche, y le detiene justo cuando va a sentarnos poniendo la
cruel excusa de que esa mesa la tiene ya reservada. Le suplicamos,
pataleamos, pero todo es en vano, incluso le decimos que nos
esperamos a que se libere una mesa, pero no hay manera.
La verdad es que después de una situación
así de rara se nos han psado un poco las ganas de comer
allí, aunque no el hambre. Con un poco de esfuerzo
conseguimos encontrar otros restaurantes con buen aspecto,
pero son pasadas las 9 y en muchos ya no nos quieren servir,
asi que acabamos en el primero que nos aceptan. La verdad
es que el lugar no promete mucho pero hay algunos individuos
con pinta de ser del lugar comiendo algunos platos de carne
con buen aspecto. Nos atrevemos con unos mejillones y unas
ostras. Los mejillones son de una calidad exquisita, tanto
es asi que su sabor prevalece al intento insulso de su salsa
con ajo y vino que los cubre por completo con un asqueroso
aspecto lechoso.
Las ostras, que son extraídas de su vivero delante
nuestro, están realmente sabrosas. De segundo compartimos
el cocido de carne con guiness, hay que decir que no está
nada mal y la carne está realmente tierna, pero lo
cierto es que nos esperabamos por los 19 E que valía
un chuletón con su salsa, y lo cierto es que para dos
personas fue es más una degustacion de cocido. En resumen
la cena es cara y sabe a poco.
Al salir del restaurante nos dirigimos a la parte del puerto
donde encontramos más restaurantes y algunos pubs con
música en directo. Entramos al único donde la
música no es tradicional si no una colección
de hits de hace veinte años tocada por una banda de
peruanos.(?¿¡) De todas formas la cerveza está
buena. Por primera vez tenemos contacto con un mosquito gigante
de unos 6 cm. Sorprendentey aterrador para una rata de ciudad. |